COMPARTIR

Un destino apasionado
Entrevista a nuestro Enólogo, Alejandro Martínez Rosell

¿Cómo fueron sus inicios en el mundo del vino?
Por tradición familiar, desde niño ligado a este mundo, ya que mi abuelo fue el fundador y propietario de la bodega, que hoy ocupa Cavas Rosell Boher. A su vez, mi padre fue enólogo y técnico de su empresa familiar. Al momento de decidir mis estudios secundarios, la elección recayó en el Liceo Agrícola y Enológico, perteneciente a la Universidad Nacional, de Cuyo. Luego de recibirme de Enólogo, continué mis estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Agrarias, donde me gradué como Ingeniero Agrónomo.

¿Cuál es su primer recuerdo vinculado al vino?
Creo que alrededor de los cuatro años, cuando mi padre traía sus vinos a casa, para que mi madre, le diese su parecer. En esos momentos, como tradición de familia bodeguera, nos teñían el vaso de agua o soda, con unas gotas de vino malbec, de la propiedad de Chacras de Coria.

El vino en su vida, más que una mera herencia era un destino ineludible.
Por lo visto, parece que esta actividad y pasión era mi destino profesional y laboral.

¿Cómo es transitar las mismas cavas que hace más de 100 años levantó su abuelo?
Muchas veces en mi día a día laboral, me he preguntado ¿porqué estoy aquí? En silencio, recuerdo cuando mi padre (aún con vida) me decía que yo sería quien debería recuperar la bodega, para ponerla nuevamente en funcionamiento, luego de casi 20 años sin actividad, ya que no se resignaba a que la misma fuese demolida o destinada a otra actividad para la cual no había sido creada.

¿Pasando a los vinos, cree que podría hablarse ya de una segunda generación de vinos del Nuevo Mundo?
Más que una segunda generación de vinos del Nuevo Mundo, hablaría de un nuevo perfil o estilo de vinos que, no solo han sufrido algunos cambios en este país, sino en todas los oasis vitivinícolas no tradicionales como Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Chile, Estados Unidos, etc. No obstante, entiendo que hemos empezado a transitar una década de cambios, tanto en los perfiles y estilos de vinos como de consumidores. Yeste fenómeno empieza a notarse no solo en el Nuevo Mundo, sino en regiones tan tradicionales de Europa, como Francia, Italia, España o Portugal.

¿Cómo es ese nuevo perfil de vinos?
Si bien no hay un patrón definido, podría hablarse de una tendencia a complacer a un consumidor ávido de nuevas sensaciones. Dentro de ellas, vinos con presencia de mucha fruta, aromas francos, frutados, más frescos. En los casos de elaboraciones con madera, se busca que la misma esté presente con sus variadas características e intensidades, acorde al tipo de vino que cada empresa y/o técnico, imaginan.

¿Después de tantos años en la industria, cuál es el vino que más le gustó?
Sería injusto pensar en un solo vino, luego de tantos años ligados a la industria no solo como hacedor sino como consumidor. Hay muchos factores que influyen para identificar un vino como el mejor, y que hacen que uno lo viva de distinta manera, como el momento, la compañía, el lugar o la comida. Por eso, creo que nunca podré responder ésta pregunta con un nombre propio.

¿Cómo es y qué tiene de diferente el último vino que sacó al mercado?
El último lanzamiento ha sido el Casa Boher Sauvignon Blanc 2011, con presencia de madera en su elaboración. A diferencia de la línea Viñas de Narváez, éste varietal, además de la fruta tan característica que identifica a ésta uva, se le suma, una sutil pero agradable, presencia de madera, lo cual lo hace precisamente diferente. Al momento de presentar un nuevo producto, siempre nuestro deseo, es que además de gustar, cumpla con las expectativas que el consumidor, ha imaginado al momento de su elección.

¿El paladar de los porteños es diferente al de los mendocinos?
No podría afirmar que sean diferentes, pero lo que puedo confirmar es que el porteño es un paladar inquieto, exigente y que está buscando en forma permanente, descubrir nuevas cosas que lo satisfagan y alienten a seguir explorando día a día, éste mundo apasionante del vino.